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Noticias y trascendidos políticos de interés.
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Anatomía de la incomunicación |
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Publicado por Mariano Grondona (Original de - Diario "La Nación" (Capital Federal))
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10 Dic 2006 16:04
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Anatomía de la incomunicación Un viajero se ha quedado sin agua en medio del Sahara. Cuando está por perder las esperanzas, se le acerca en camello un beduino que le ofrece su cantimplora repleta con una condición: que acepte ser su esclavo. El viajero se rehúsa. Pensando que le ha ofrecido demasiado poco, el beduino le ofrece entonces dátiles además de la cantimplora. El viajero se vuelve a rehusar. Desconcertado por su actitud el beduino se aleja, perdiéndose en el horizonte.
Ni el viajero ha conseguido el agua que necesitaba desesperadamente ni el beduino ha logrado esclavizarlo. ¿Cuál ha sido la causa de esta doble frustración? Que a los protagonistas de esta historia los ha separado la valla de la incomunicación.
Cuando dos interlocutores hablan idiomas diferentes, se interpone entre ellos una valla lingüística. Pero en el fallido encuentro del Sahara, tanto el viajero como el beduino hablaban árabe. Sin embargo, no se entendieron. La incomunicación entre ellos no surgió entonces del idioma sino de algo más profundo: la falsa imagen que cada uno tenía del otro. El beduino supuso que, en la situación desesperante en la que se hallaba, el viajero le rendiría su voluntad. No entendió que al viajero lo habitaba la dignidad. El viajero esperaba por su parte un acto de solidaridad. No entendió que las tribus que apenas sobreviven en el desierto no pueden darse a veces el lujo del altruismo.
La incomunicación no provino entonces del choque entre dos idiomas distintos, sino del choque entre dos mentalidades distintas. Si el beduino hubiera advertido la chispa de dignidad que encendía la mirada de su interlocutor ambos, quizá, se habrían comunicado. Como no la advirtió, el drama se convirtió en tragedia.
El Gobierno y el campo
La parábola del beduino y el viajero podría aplicarse a la incomunicación que hoy se interpone entre el Gobierno y el campo. El Gobierno dice creer que los productores del campo, a quienes el presidente Kirchner calificó en su momento de "pícaros y avaros", sólo quieren llenar hasta el borde la cantimplora de sus ingresos con precios más altos. Pero verifica al mismo tiempo que "les va bien". ¿Por qué se quejan entonces?
Cuando el Gobierno alude a los productores del campo, dice creer por lo pronto que ellos quieren que los argentinos paguen por el pan, la leche y el trigo los altos precios internacionales. Dice suponer también que los instigadores del paro son los grandes productores, los estancieros. Sostiene además que los estancieros gozan de un poder concentrado en manos de unos pocos miles, frente a muchos miles de pequeños productores. Proclama, en fin, que la idea del paro nació entre los dirigentes rurales y no entre sus dirigidos.
Pero los representantes del campo se han cansado de decir que quieren mantener los precios de los cortes populares en su nivel actual, aun cuando haya que subsidiarlos con las ganancias de la exportación. Como se sabe, los pequeños productores se agrupan por otra parte en la Federación Agraria Argentina, los productores medianos en la Confederación de Sociedades Rurales (CRA) y los grandes productores en la Sociedad Rural Argentina. Y bien: los promotores del paro han sido la Federación Agraria y CRA, mientras que la Sociedad Rural dudó mucho antes de sumarse a último momento, justo al revés de lo que sostiene el Gobierno.
La producción agropecuaria es por otra parte una de las pocas, si no la única, que no está concentrada. La producción industrial, la red de comercialización, el propio Estado, están concentrados en pocas manos. Cerca de doscientos mil productores rurales que venden y compran cuando lo necesitan se comportan en cambio como un mercado casi perfecto, con su aluvión de ofertas y demandas independientes.
La presión a favor del paro no provino, en fin, de los dirigentes sino de sus dirigidos. No vino de arriba abajo, sino de abajo arriba, hasta que los dirigentes no pudieron sujetarla y se plegaron al paro empujados por la "bronca" de los pequeños productores, que podría traducirse ahora en manifestaciones y cortes de rutas. Es que, como lo demostró el duro paro agropecuario contra Gelbard en 1974, son los tamberos y los chacareros, no los estancieros, quienes se juegan porque tienen poco que perder cuando estalla el conflicto.
Este es el panorama de un campo poblado por cientos de miles de pequeños productores casi en el nivel de la subsistencia, que se indignan cuando ven que la fuerte rebaja del precio de sus productos en función de los controles del Gobierno no ha llegado a las góndolas ni a los mostradores donde compra el pueblo y donde opera, eso sí, una minoría comercial e industrial que se ha quedado con una diferencia del 30 por ciento que nadie explica.
Todo esto es tan evidente, que es forzoso preguntarse si los gobernantes no lo advierten o si, llevados por un interés electoral cada día más urgente, lo que pretenden imponer a través de su vasta red de canales oficiales y extraoficiales de comunicación es la imagen de un gobierno que se esfuerza casi hasta el heroísmo por proteger al pueblo contra la oligarquía agropecuaria que quiere explotarlo.
Si ganar las próximas elecciones es la verdadera meta del Gobierno, también es evidente que los ruralistas, que se empeñaron en vano en dialogar con él hasta llegar a la ingenuidad de hacer depender la suspensión del paro de la posibilidad de que el presidente Kirchner los recibiera, algo que hubiera contradicho la imagen de hostilidad hacia un campo "insolidario" que éste busca difundir, tampoco entienden al Gobierno.
La cabeza y el pecho
Se sabe desde Platón que al hombre lo guían dos impulsos principales. Uno, el cálculo de lo que le conviene, que parte de su cabeza. El otro, un sentido del honor y la dignidad que reside en su pecho. A este impulso, tantas veces olvidado, Platón y sus continuadores lo llamaron thymós .
En la parábola del comienzo, el beduino creyó que al viajero lo guiaba el cálculo. ¿Cómo no iba a preferir entonces sobrevivir aunque fuera a cambio de la sumisión? Pero al viajero no lo guiaba el cálculo sino el thymós . Por eso el beduino no lo comprendió.
Un error comparable cometieron hace poco el Presidente y su delegado Rovira en Misiones, cuando supusieron que los misioneros, rindiéndose ante los electrodomésticos, les venderían sus votos. Pero a los misioneros también los inspiraba, al contrario, el thymós . Por eso el obispo Piña, una figura por cierto ajena al espíritu de cálculo, llevó al triunfo al Frente Unidos por la Dignidad, una conjunción poderosa de miles de ciudadanos habitados por el thymós .
El error de percepción del Gobierno amenaza repetirse ahora ante el paro agropecuario. Lo que quieren los productores con este paro no es mejorar codiciosamente su cálculo de ganancias. Lo que quieren es que se los respete y que cesen en consecuencia el maltrato y la agresión constantes de los que son objeto. El campo no busca subir los precios internos con el paro. Exige, eso sí, que se reconozca su dignidad. Si el Gobierno sigue sin advertirlo, su difícil relación con cientos de miles de productores airados y con decenas de poblaciones del interior continuará bloqueada, detrás de la alta valla de la incomunicación.
Por Mariano Grondona
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